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¿POR QUÉ ES IMPORTANTE LA JERARQUÍA CON UN PERRO?


Para que nuestro perro tenga disposición a obedecernos debe respetarnos, y para ello debemos estar por encima en su jerarquía

La jerarquía

El perro es un animal social, acostumbrado en la naturaleza a vivir en un orden jerárquico en el que existe un perro alfa o líder. En nuestra sociedad, el perro vive con su familia de humanos a los cuales el perro considera miembros de su manada. Como manada que es la familia, debe tener una jerarquía en la que exista el líder en el escalón más alto. Cada miembro ocupa un escalón de la jerarquía, y el perro entiende que solo obedecerá a los que estén por encima de él. Los perros no esperan igualdad por nuestra parte, ellos nacen con un sentido social y con una tendencia a ocupar un puesto en la jerarquía.

La importancia de la jerarquía con los perros Labradoodle Australian Cobberdog

LA NECESIDAD DE UN LÍDER

Un líder es aquel que se encarga de gestionar los recursos del grupo social al que pertenece para conseguir los resultados más eficientes y el mayor bienestar para todos los miembros de la manada. El líder es el que pone las normas en el grupo y puede encargarse, junto con otros miembros, de hacerlas cumplir. También es el que vela por la seguridad de todos los miembros y se encarga de organizar la comida y el espacio de su comunidad.

El líder no ocupa su puesto por imposición, sino que es aceptado por el resto de miembros del grupo porque consideran que es el miembro con más capacidades para llevar a cabo la tarea de responsabilizarse del resto de miembros.

Dado que proporcionamos a nuestro Australian Cobberdog comida, agua, protección, estimulación mental y física, compañía y atendemos sus necesidades de salud, no habría ninguna razón para que él quisiera elevar su estatus. Si alcanza el rol de líder, sería responsable de todo lo que conlleva dicha posición, algo que no puede asumir ni quiere.

Si un perro creyese que es el líder de la familia, comenzaría a encontrar continuas amenazas para su “manada” que no puede controlar. Desde miembros de la familia que se escapan de su visión, extraños que se acercan a interactuar con ellos, alguien que toca las cosas que considera “suyas”… Son innumerables las situaciones que pondrían en continua tensión al perro como líder y que acabarían en frustración al no poder manejarlas.

LA DOMINANCIA

A pesar de las creencias populares, que sugieren que el perro es un animal que si se le permite luchará por conseguir un estatus dominante dentro de su familia, la dominancia no es un concepto muy acertado cuando se aplica al intento de ascender en la jerarquía familiar

La dominancia es un concepto que se refiere a la habilidad de un individuo para mantener o controlar el acceso a algunos recursos. No tiene nada que ver con el estatus de macho alfa. La “dominancia” es más una cuestión de obtención o pérdida y no de acceder a un estatus superior.

Esto explicaría por qué algunos perros se muestran protectores con la comida, con sus juguetes o si su dueño le intenta echar del sofá y se muestra agresivo. En estos casos el perro tiene la posición de control sobre la situación y no quiere perderla. Si se deja a su voluntad, un perro hará lo que le resulte más gratificante, y si un perro ha tenido permitido durante meses dormir en el sofá, podría reaccionar de forma agresiva si alguien de repente cambia las reglas y le niega el acceso a ese recurso. Es por ello que cuando ocurren este tipo de cosas, no debemos pensar que el perro quiere ser líder, sino que le hemos dado a entender que él tenía el control sobre eso.

Si son muchas las cosas sobre las que le permitimos tener control, es cuando el perro puede empezar a sentir que tiene poder sobre algunos aspectos de su “manada humana” (que no sentirse macho alfa). 

¿Un cachorro puede mostrar una actitud dominante?

El Australian Cobberdog es un perro con un temperamento que encaja mejor en el rol de seguidor que de líder de forma natural, es fácil de enseñar, muy diligente, quiere agradar y se amolda con facilidad a las normas de la casa. Pero como cualquier perro, si le enseñamos (aunque sea inconscientemente) que él tiene el control sobre los recursos, el perro se comportará tal como lo ha aprendido. El perro, a medida que crece, tantea las diferentes conductas que puede adoptar para cada situación que va surgiendo y adapta un rol y una actitud según los resultados que va encontrado al realizar esas conductas. La permisividad suele dar lugar a que el perro entienda que puede hacer lo que quiere y se comporte de forma autoritaria, no tanto por su “carácter dominante” sino por el aprendizaje que ha tenido, y si se intenta cambiar esa actitud el perro luchará por mantener su privilegio de hacer lo que quiera, tal como lo haría un niño consentido.

Cómo establecer la jerarquía

Cuando un perro no controla los recursos, asume inmediatamente una posición expectante hacia el líder que será el que le proporcione esos recursos. Tener la atención del perro y su disposición a agradar son dos consecuencias que se derivan del control de los recursos que tiene el líder y proporcionan una situación óptima para desarrollar el vínculo con el perro.

  • Espacio
    El líder debe gestionar aquellos lugares a los que puede acceder el perro y debe ser capaz de indicarle si quiere que esté en un sitio o en otro. Es muy típico observar entre perros, que aquel que se establece como líder corta el paso a los otros o impide que acceda a ciertos lugares. Que el perro sepa que él no controla el espacio, nos sitúa a nosotros como líderes.
  • Objetos
    Es evidente que el perro no debería tener potestad para decidir que hacer con los objetos que encuentra a su alrededor. Esta restricción no se aplica sólo a aquellos muebles o prendas que no queremos que el perro muerda, sino incluso a sus juguetes. Por una parte, los juguetes son un recurso muy valioso para el perro, y tenerlos en nuestra posición nos permite usarlos como reforzadores de una conducta y nos posiciona ante él como líder. Por otra parte, el perro no debe pensar que están bajo su control pues podría desarrollar una conducta protectora con ellos y mostrarse agresivo en su defensa. Por ello, no podemos permitir al perro usar objetos que no sean sus juguetes (para evitar destrozos y situaciones peligrosas) y sus juguetes deben estar bajo nuestra gestión, lo cual nos posiciona como líder.
  • Tiempos
    Decidir qué se hace en cada momento es una gestión típica de un líder. Para ello, uno de los recursos más poderosos es controlar los tiempos de espera. No sólo se trata de decidir que es lo próximo que se hará, sino el momento exacto en el que el perro puede hacerlo. Por ejemplo, no es lo mismo coger la correa y que el perro se vaya corriendo a la puerta para salir por ella en cuanto la apertura le permita salir, que coger la correa y hacer esperar sentado al perro hasta que le demos la orden de salir tranquilamente por la puerta completamente abierta. En la primera situación el perro está decidiendo sin tenernos en cuenta, y en la segunda está atento a nosotros para llegar a un consenso entre perro y persona: “salimos a pasearte pero de forma agradable”. Igual ocurre cuando el perro va a comer y le hacemos esperar hasta que le hemos servido y le damos la orden, o cuando le quitamos la correa y le pedimos que espere unos segundos. Esa espera nos posiciona como líderes.
  • Comida
    La comida es uno de los recursos más valiosos para un perro, por ello quien lo gestiona se sitúa en una posición de superioridad inmediatamente. Igualmente, gestionar la comida no es sólo ofrecérsela, sino poder tocarla o quitársela en cualquier momento. Esto se consigue no por imposición, sino ganándose la confianza del perro. Si el perro no tiene ninguna duda de que su comida está garantizada y entiende que siempre buscamos lo mejor para él, no tendrá problemas en que manipulemos su comida porque entiende que debe haber un propósito beneficioso en nuestra actuación. Desde cachorro, tocar su comida mientras el come o ofrecerle parte de la comida en la mano pueden ayudar a conseguir esa confianza.
  • Altura
    Estar a una altura mayor, supone un mayor control de la situación. Muchos perros tienen a dormir en alto, o intenta subirse a otros perros en señal de control sobre los otros. Es por ello que a menudo no se recomienda que un perro que no tiene clara la jerarquía en el hogar se sitúe a la misma altura que el dueño (por ejemplo, subiéndose al sofá). Tener en nuestro poder la mayor altura le hace ser consciente al perro que no es el que controla la situación.

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