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El collarín para perros, más conocido como collar isabelino, es un accesorio en forma de cono que se ajusta alrededor del cuello del animal para evitar que éste se lama, muerda o rasque una herida o lesión en su piel, protegiendo así su salud. Cuando un perro tiene un traumatismo de cualquier tipo, es normal que se intente lamer para “curarse”. Su saliva posee ciertas sustancias que ayudan a la cicatrización, por lo que esta lamida constituye una manera instintiva y natural de acelerar el proceso de curación.
Sin embargo, si tu perro se chupa o se muerde de manera muy insistente una herida o cicatriz, es muy probable que la zona se infecte, debido a los microorganismos y bacterias que contiene su saliva. De igual manera, la inflamación e irritación empeorarán, retrasando la recuperación. En este contexto resulta muy útil emplear un collar isabelino, que recibe su nombre por su similitud con las gorgueras típicas de los vestidos de la época de Isabel I de Inglaterra. Estos collarines consiguen limitar el movimiento de la cabeza del perro, impidiendo que lama la parte del cuerpo afectada.
1. ¿Cuándo es necesario usar un collar isabelino para perros?
2. ¿Qué tipos de collarines para perros hay y cuál es mejor?
3. ¿Cómo habituar a mi perro a usar el collarín?
4. ¿El collar isabelino es o no recomendable?
Existen diferentes situaciones en las que el veterinario puede decidir colocarle un collarín a nuestro peludo, aunque su función siempre es la misma: evitar que llegue a lamerse el cuerpo o que pueda tocar con sus patas su cara. La colocación de uno de estos collares debe prescribirla y realizarla un profesional. Algunas circunstancias en las que el collar isabelino resulta útil en perros son:
Aunque todos tienen el mismo objetivo (contener al perro para que no alcance a lamer o morder sus heridas), existen diferentes tipos de collarines que pueden utilizarse según el caso en que nos encontremos. De cualquier modo, un collar isabelino siempre debe adaptarse a la raza, peso, tamaño y tipo de piel (existen modelos hipoalergénicos para los perros que desarrollan alergia por contacto al collarín).
Así mismo, el collar no debe quedar ni demasiado apretado ni demasiado suelto respecto al cuello del perro (debemos poder introducir dos dedos entre el plástico y su piel). Aunque es lógico y habitual que llevar un collarín resulte incómodo para nuestra mascota, siempre debemos tratar de que sea una experiencia lo menos traumática posible. Por ello, el collarín debe cumplir con el objetivo de contener su cabeza, pero permitirle cierta libertad de movimiento para que pueda seguir con su vida “normalmente”, comiendo, bebiendo y durmiendo con relativa facilidad. Estos son los collarines para perros más comunes que existen:
A la hora de implantar cualquier nuevo hábito en la vida de tu mascota, es vital que actúes progresivamente y que te ayudes del poder del refuerzo positivo para conseguir que se adapte correctamente al comportamiento deseable. El caso del collarín no es una excepción. Por ello, y aunque te pueda parecer exagerado, te recomendamos que, si tienes perro, conviertas el collar isabelino en un elemento conocido para él lo antes posible. Quizá no llegue a utilizarlo en toda su vida, pero son muchas las circunstancias que podrían hacer necesario que el veterinario le coloque uno en el futuro. Desde la esterilización, alguna herida, una alergia… Adelantarte a estas situaciones te facilitará mucho la tarea de que tu perro acepte llevar el collarín con una buena actitud. Te recomendamos seguir estos pasos para acostumbrar a tu perro a usar el collarín.
En definitiva, el collar isabelino puede resultar un tanto polémico por la limitación de movimiento que impone al animal, aunque en muchos casos, su colocación resulta muy útil y, gestionado correctamente, podemos minimizar el impacto sobre la vida de nuestra mascota. Si tu perro necesita un collar isabelino, te recomendamos consultar todos tus dudas con el veterinario. No dejes de supervisar a tu peludo para ver cómo reacciona a este nuevo accesorio (si lo acepta o intenta quitárselo, si se muestra ansioso, agresivo o deprimido) y muéstrate comprensivo y cariñoso con él en estos días.
El periodo de uso de este collar no suele exceder los 15 días, aunque es el veterinario quien debe pautarlo, pero es normal que en este tiempo tu perro se muestre un poco decaído o sensible a los ruidos, incluso más miedoso (ten en cuenta que algunos modelos bloquean su visión periférica, por lo que no verá bien si te acercas a él en un movimiento rápido). Dale muchos mimos a tu perrito en estos días y no olvides que el objetivo de estos collarines es ayudarlo a recuperarse y evitar que sus heridas empeoren o se infecten. ¡Mucho ánimo!