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El adiestramiento canino no consiste solo en practicar divertidos trucos con tu perro para enseñar a las visitas. Tienes que saber que educar a tu perro le aporta numerosos beneficios a nivel comportamental, emocional y cognitivo. De hecho, puedes ir enseñando algunas nociones básicas de adiestramiento en tu perro desde que es un cachorro, siempre adaptando las rutinas a su edad y respetando sus tiempos de aprendizaje. Gracias al adiestramiento, tu perro puede mejorar su desarrollo intelectual, combatir el estrés y la ansiedad, evitar trastornos del comportamiento, combatir la obesidad y sentirse más estimulado a todos los niveles. Esto, evidentemente, repercute muy positivamente en su salud física y mental, mejorando en mucho la calidad de vida de tu peludo.
Una de las señales más útiles que puedes trabajar con tu mejor amigo es la de “tumbado” para conseguir que se recueste y se tranquilice en cualquier momento y situación en que se lo pidas. Para enseñar a que tu perro se tumbe, lo mejor es que primero practiques con él el ejercicio de “sentado”, ya que te será mucho más fácil trabajar desde esta postura.
1. ¿Por qué enseñar a un perro a tumbarse?
2. Paso a paso para enseñar a tu perro a que se tumbe
• 1. Crea un espacio agradable
• 4. Paciencia, ganas y tiempo
Si tu perro ya ha aprendido a sentarse cuando se lo pides, puede que preguntes por qué necesitas enseñarle a tumbarse. Las señales de “sienta” y “tumbado” tienen objetivos similares respecto a conseguir que el perro pare lo que está haciendo y lograr un mayor control de la situación. Sin embargo, cuando le pedimos al perro que se siente, normalmente lo hacemos como paso previo a algún tipo de acción: darle un premio, ponerle la correa, mostrarle algún ejercicio o pedir que nos espere.
Por el contrario, al comunicarle a tu peludo que quieres que se tumbe, lo que buscarás es que se relaje totalmente en una postura que, aunque resulta natural para él, también lo coloca en una situación más vulnerable. Es por esto que conseguir que nuestro perro se tumbe cuando se lo decimos puede entrañar cierta dificultad, aunque con tiempo, paciencia y refuerzo positivo podrás hacerlo posible. Enseñar a tu perro a que se eche en el suelo cuando se lo comunicas puede ser de gran utilidad en situaciones en las que está demasiado nervioso, si quieres que se relaje a tu lado mientras tomas algo en una terraza, o si deseas evitar que acuda a la mesa a pedir comida o que salude a los invitados.
Antes de enseñar a tu mascota a que siga tu señal de “tumbado”, te recomendamos fijar muy bien el aprendizaje del ejercicio “sentado”. Para ello, empezando siempre por un entorno tranquilo, trabaja con la técnica luring o señuelo y muéstrale a tu perro tu mano con la recompensa que hayas escogido. Luego, cierra tu puño y cuando lo huela, rápidamente haz un gesto hacia arriba y hacia atrás para que tu peludo lo siga y se siente de forma automática. En este momento, dile la señal “sienta” y ofrécele el premio. Trabaja este ejercicio muchas veces hasta que el perro lo haya interiorizado y le salga bien en diferentes contextos, incluyendo la calle. No olvides progresar despacio para evitar que se frustre y se resienta la confianza y, por lo tanto, el aprendizaje. Una vez consigas que tu perro se siente siempre que se lo pidas, comienza a enseñarle a que se tumbe siguiendo estos consejos.

Siempre que quieras introducir una nueva señal y que tu peludo la aprenda, te aconsejamos comenzar a ensayar en casa, preferiblemente en un espacio cómodo, silencioso y sin distracciones. Empezar a aprender con un nivel bajo de dificultad aumenta la adherencia del perro a la práctica, evitando el fracaso y la consiguiente frustración. Coloca un bol con agua para que se refresque cuando lo necesite, ¡y manos a la obra!

La técnica del luring o señuelo consiste en utilizar un elemento que permita guiar el movimiento del perro y, finalmente, recompensarlo por su acierto. Antes de nada, deberás elegir un elemento reforzador para trabajar la señal de “tumbado” con tu perro. Puede ser de primera necesidad, es decir, alimento (pienso o premios), o también puedes utilizar juguetes o recompensar con caricias. Escoger un buen refuerzo positivo es muy importante, así que piensa en lo que más le gusta a tu perro, en si tiene hambre en ese momento o está saciado y escoge una recompensa que le resulte realmente atractiva para comenzar con el entrenamiento. Poco a poco, conforme tu perro vaya interiorizando el ejercicio de tumbarse, puedes aumentar la dificultad trabajando con premios menos atractivos. Pero no olvides ir paso a paso para evitar frustrar a tu peludo.

Aunque el olfato es el sentido más desarrollado de un perro, la vista es el que más utilizan para comunicarse con nosotros. Por ello, aunque puedes comenzar a enseñarle a tu perro a acostarse con la señal “tumba”, el objetivo es que, con tan solo hacerle un gesto, entienda que quieres que se eche en el suelo y lo haga. Para ello, pídele a tu perro que se siente y, desde esta posición, ofrécele tu mano cerrada con el premio dentro. Cuando tengas su atención, baja el puño hacia el suelo y verás que, para poder seguir tu movimiento, tu perro termina tumbándose. Es aquí cuando dirás la señal “tumbado” y reforzarás positivamente. Repite este ejercicio hasta que tu perro lo comprenda por completo y atienda a tu señal sin necesidad de recompensa. Poco a poco, verás que tu mascota ya ni siquiera necesita la señal verbal y, al ver tu gesto, se tumba de inmediato. Para hacerlo todavía más intuitivo, puedes añadir un dedo índice apuntando abajo para utilizar este sencillo gesto en el día a día cuando necesites que tu peludo se eche.

Si deseas que tu perro aprenda a tumbarse cuando se lo pides, olvídate de las prisas. El adiestramiento debe progresar de menor a mayor dificultad, y cuanto más difícil sea el ejercicio, más interesante deberá ser la recompensa para mantener motivado a tu perro. Para evitar que se canse demasiado y pierda el interés, lo mejor es que las prácticas sean breves, de 10-15 minutos en intervalos de 5 al principio, haciendo pequeños descansos de 3 minutos. Poco a poco, ve avanzando en cuanto a tiempo y dificultad, pero si notas que tu perro se atasca, vuelve atrás. Nunca pases al siguiente nivel si tu peludo no tiene totalmente interiorizado el ejercicio anterior. Por ejemplo, si tu perro todavía titubea a veces al pedirle que se tumbe en casa, de nada servirá que lo intentes en el exterior, con un montón de estímulos y distracciones a su alrededor. También puedes probar a cambiar el reforzador por algo que interese más a tu peludo.
Sobre todo, ten en cuenta que cada perro es un mundo, y en función de su raza, personalidad y nivel de energía, el proceso de aprendizaje para tumbarse cuando se lo pides puede durar más o menos. Los perros Australian Cobberdog, por ejemplo, son muy flexibles, y por ello resulta muy sencillo el adiestramiento. Su aprendizaje es muy rápido debido a su gran conexión con las personas y su comportamiento tranquilo.
Por descontado, para enseñar a tu perro a que se tumbe, olvídate de los castigos, riñas o gritos. La única forma que tiene tu perro de aprender es el refuerzo positivo, así que nunca penalicen sus fallos y, al contrario, recompensa sus aciertos para que asocie la acción que estáis trabajando a algo muy agradable y positivo para él. ¡Buen trabajo!