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A nadie le agrada la idea de tener que ponerle un bozal a su mascota. Desgraciadamente, este accesorio que cubre el hocico de los perros para evitar que muerdan es bastante impopular y sobre él recae el estigma de convertir en potencialmente agresivo al animal que lo lleva. Sin embargo, existen diferentes situaciones en las que resulta aconsejable o necesario que un perro lleve bozal.
Su uso es obligatorio en el caso de los perros considerados potencialmente peligrosos por la normativa vigente (como los pitbull, los rottweiler o el dogo argentino, por mencionar algunos). Estos perros deben ir con bozal siempre que se encuentren en el espacio público (en calles, parques, comercios pet-friendly, campos o playas, etc.). También si el animal ha atacado previamente a otro perro o persona y consta una denuncia. En ese caso, las autoridades también lo considerarán peligroso aunque su raza no esté listada como tal. Además, los perros deben de portar bozal en muchos transportes públicos, como el metro o el tren, por lo que te aconsejamos revisar muy bien las normas municipales antes de viajar con tu mascota. Incluso algunas comunidades de vecinos pueden dictaminar que el uso del bozal en las zonas comunes de tu edificio sea obligatorio.
1. ¿Cómo puede ayudar el bozal a mi perro?
2. Tipos de bozales para perros
3. ¿Cómo enseñar a mi perro a llevar el bozal?
Incluso si tu perro no es de raza considerada peligrosa puedes encontrarte en lugares públicos donde el uso de bozal sea una norma obligatoria, por lo que te aconsejamos una adaptación progresiva para poder usarlo en cualquier momento. Si es en la etapa de cachorro mejor.
Hay personas que lo usan para que su perro no coja cosas del suelo, aunque te recomendamos entrenarlo correctamente, el uso de bozal no es una solución permanente para este comportamiento, aunque puede ser útil de manera puntual. Por supuesto, si sientes que por su carácter, estado de salud o falta de socialización tu perro puede reaccionar agresivamente ante otras personas o animales, es vital que, incluso en los casos en los que la ley no te obligue, le pongas el bozal. No lo veas como un castigo para tu mascota, sino como una protección para su entorno pero también para él, ya que evitará que se involucre en situaciones muy desagradables que pueden causarle un gran malestar. Recuerda que una conducta agresiva puede ser el reflejo de una educación deficiente, problemas de salud o una socialización deficiente, por lo que el animal nunca es el culpable sino otra víctima.
El bozal es un accesorio necesario en algunas circunstancias y opcional pero útil en otras. A la hora de adquirir uno, te recomendamos que midas el hocico de tu perro, ya que dependiendo de la edad y la raza de tu mascota, la talla y forma del bozal que necesita pueden variar mucho. Por ejemplo, los perros de razas braquiocefálicas, por la anatomía de sus hocicos, mucho más anchos y chatos respecto a los de otros perros, pueden necesitar bozales especiales. Lo ideal es que el bozal no sea demasiado ceñido, sino que deje un espacio de alrededor de 1 cm respecto al morro del animal. En cuanto a los materiales y modelos, veamos cuáles son los bozales más comunes y los más recomendados del mercado.

Como su nombre indica, estos bozales están fabricados de tela, concretamente y en la mayoría de casos, de nylon, un textil bastante resistente. Entre las ventajas de este tipo de bozales encontramos su ligereza y comodidad para los dueños, ya que se pliega y se guarda en cualquier parte. Además, su aspecto es menos amenazante que el de otros bozales, por lo que muchos cuidadores lo prefieren para sus mascotas.
Sin embargo, los bozales de tela no son nada recomendables para los perros, ya que tienden a almacenar la saliva del animal, convirtiéndolo en una alternativa muy incómoda para ellos. Incluso en los casos en los que traen una rejilla incorporada para eliminar la saliva, no son aconsejables ya que cierran por completo el hocico del perro, por lo que no solo no podrá comer o beber con él puesto, sino que tampoco le será posible jadear ni vomitar, con lo que podría atragantarse.

Los bozales de cesta consisten en una especie de caja, normalmente de plástico o caucho, que rodea el hocico del perro. Estos bozales evitan la mordida y permiten al perro comer y beber en la mayoría de los casos, ya que tienen una tapa que puedes abrir y cerrar. Te recomendamos que controles muy bien el ajuste de este modelo de bozal para evitar las rozaduras, sobre todo en los materiales plásticos. Otra opción que aconsejamos mucho son los bozales de cesta de caucho, un material resistente y más suave para la piel del perro. Aunque puedan resultar más elegantes, no recomendamos los de cuero, ya que son menos transpirables. Los de metal, por su parte, son demasiado duros y pueden resultar incómodos para tu mascota.
Por mencionar alguna desventaja de este bozal, lo cierto es que su aspecto es mucho más llamativo y amenazante que los bozales de tela, pero protegen mucho mejor y son más adecuados y seguros para tu perro.

Se trata de una variante de los bozales tipo cesta pero que deja la trufa del perro totalmente libre, permitiéndole olfatear su entorno, algo necesario y beneficioso para el animal. Además, presenta varios sistemas de sujeción (una tira que lo ancla a la cabeza y otra al collar), por lo que es la alternativa de bozal más segura. Los de la marca Baskerville están fabricados con caucho antirrozaduras y pueden moldearse sumergiéndolos en agua caliente por 5 minutos para adaptarlos al máximo a la carita de tu amigo peludo.
Aunque creas que tu perro no va a necesitar un bozal nunca, realmente existen muchas circunstancias que pueden darse a lo largo de su vida que podrían requerir el uso de este complemento. Llegado ese momento, sería muy brusco y traumático para tu mascota comenzar a llevar el bozal de un día para otro. Por ello, merece la pena acostumbrar a tu perro a usar el bozal lo antes posible.
La adaptación a llevar el bozal deberá ser siempre lenta y progresiva. Puedes empezar enseñándole el bozal a tu perro, dejando que lo huela y colocarlo a la vista mientras descansa o incluso mientras jugáis (puedes probar a darle algún premio como recompensa durante el entrenamiento a través del bozal colocado en su hocico, pero no sujeto del todo). Poco a poco, comienza a ponerle el bozal a ratos pequeños. Lo más normal es que intente quitárselo de primeras, pero no pasa nada, trata de mantener una actitud relajada, no le riñas y, simplemente, distrae su atención con algún juego. Ve aumentando el tiempo de uso del bozal y recuerda premiarle con snacks o caricias cuando veas que ya no trata de arrancarse el bozal.
Evita recompensar a tu perro con caricias o reaccionar de cualquier forma, incluso enfadándote, cuando se muestre ansioso llevando el bozal, así evitarás reforzar conductas inadecuadas y que le coja miedo. Con paciencia y una exposición gradual, seguro que tu perro logrará tolerar su bozal. Así estará listo para cualquier ocasión que requiera el uso de este accesorio y habrá aprendido una nueva situación más en la que estar tranquilo y relajado. ¡Todo son ventajas!