

Estamos muy felices de que estés considerando nuestro centro como el lugar donde adquirir a tu cachorro. Sin duda, convivir con un perro es una experiencia maravillosa, pero si nunca antes has tenido un perro, o hace tiempo que no cuidas de un cachorro, te surgirán un montón de dudas ahora que te estás planteando incluir a uno en la familia. En esta guía encontrarás algunos consejos y recomendaciones que te ayudarán a saber qué necesita tu futuro cachorro y a tomar la decisión de incluir un nuevo miembro en el hogar.
La influencia positiva de las mascotas en la salud y bienestar de los seres humanos es bien reconocida. La compañía de mascotas se ha identificado como un factor protector contra enfermedades cardiovasculares y reductor del estrés de sus propietarios: son un soporte psicológico, reducen la sensación de soledad y permiten la interacción de sus propietarios con el medio social que los rodea.
Son muchas las culturas que están integrando cada vez más al perro como parte fundamental de su sociedad. Esto se refleja en el aumento de hogares que incluyen al perro como parte de su familia.
Las estadísticas reflejan que uno de cada cuatro hogares en nuestro país cobija un perro. De la población total, el 43% convive con alguna mascota, el 76% se declara amante incondicional de los animales de compañía —aunque aún no se haya decidido a poner uno en su vida— y el 74% afirma que compartir su existencia con ellos le hace (o haría) más feliz.
La necesidad de disfrutar de relaciones afectivas es fundamental para nuestra calidad de vida, y los perros son un vínculo afectivo más. Permiten vivir el sentimiento de realización que supone querer a alguien y la satisfacción de sentir que ese amor es recibido con agradecimiento.
Los perros como compañeros de adultos hacen una gran diferencia entre vivir solos o con una mascota, ya que nos hacen sentir responsables de otro ser vivo, manteniéndonos activos y felices. Para los niños, los perros hacen que aprendan el valor del respeto y la responsabilidad, aprendiendo a cuidar de los animales de una manera respetuosa.
Dan compañía, son fieles y permiten un saludable intercambio afectivo, pero también necesitan cuidados. Y esas obligaciones de aseo, alimentación o visitas al veterinario son beneficiosas para ellos y sus dueños. Especialmente en el caso de las personas mayores, ya que las obliga a mantenerse activas, pues deben cuidar al perro, limpiarlo o sacarlo a pasear. Estas obligaciones también pueden ser muy saludables para las personas que se sienten solas: una persona que vive sola tiene alguien a quien hablar o felicitar si hace algo bien.
Y, en el caso de los más pequeños, también les ayuda a desarrollar el respeto, la empatía y la sociabilidad. Les demuestra que pueden cuidar a alguien, que pueden asumir una responsabilidad, que son capaces. Y un perro también puede fortalecer a una familia: puede desempeñar un papel muy importante; si uno de los hijos se siente algo solo, puede encontrar consuelo con el perro. O, si hay mal ambiente en algún momento familiar, el perro hace algo de forma natural que ayuda a destensar el ambiente.
Los beneficios psicológicos de los animales de compañía son más intensos cuando la persona siente un gran afecto por el animal. Según numerosos estudios, las personas que tienen mejor relación con sus mascotas muestran mejor salud mental y menos síntomas físicos de enfermedad. Esto demuestra que la adecuación entre animal y propietario son claves para disfrutar de los beneficios psicosociales de las relaciones con los animales de compañía.
El Australian Cobberdog es un gran perro de familia, aunque la raza fue desarrollada para conseguir las características óptimas para que desarrollase una gran labor como perro de terapia y asistencia. Es un perro con la energía ideal para servir de asistencia y con una gran inteligencia para aprender cómo hacer su trabajo, y es hipoalergénico. Además muestra una gran sensibilidad con los niños y mayores.
El Australian Cobberdog es un perro equilibrado y muy inteligente. Le encanta aprender nuevas órdenes y trucos y siempre está deseando agradar. Una de las características que mejor le definen es su tendencia a buscar siempre la mirada de la persona, como si intentase leer en sus ojos qué es lo que se espera de él. Es un perro sensible, con gran capacidad para percibir los estados de ánimo, o entender rápidamente con qué personas debe ser más cuidadoso, ya sea un niño pequeño, un anciano o una persona con poca movilidad. Esto se debe a su carácter respetuoso y nada impositivo, que resulta tan beneficioso en las terapias con personas con problemas de interacción.
Sin duda, algo que le ha dado mucha popularidad entre las familias es que el Australian Cobberdog facilita mucho la tarea de tener un perro. Para empezar, al no provocar alergias puede convivir con cualquier familia sin necesidad de estar utilizando productos o medicamentos que eviten los continuos estornudos y picores. Además, esto va unido al hecho de que no mudan su manto, lo cual acaba con la molestia típica entre los dueños de mascota que siempre encuentran algún pelo en su ropa. Igualmente, no es necesario estar repetidamente barriendo la casa (y aún más en los meses de muda). Por otra parte, el carácter del Australian Cobberdog y su increíble tolerancia lo hacen un perro estupendo para convivir con los más pequeños o personas con necesidades especiales.
El Australian Cobberdog es un perro estupendo para realizar actividades fuera de casa. Tiene gran energía para aguantar largas sesiones de ejercicio y disfruta mucho siendo partícipe de las actividades de la familia. En especial, el agua le encanta y siempre que pueda aprovechará para darse un chapuzón. En cuanto a las rutinas, el Australian Cobberdog necesita unos 3 paseos al día. En sus paseos es bueno permitirles socializar con otros perros, ya que el Australian Cobberdog adora jugar con otros perros y sentirse acompañado. Un poco de juego con la pelota le ofrecerá el ejercicio que necesita y nos ayudará a crear vínculo, algo muy importante para esta raza, que necesita sentirse en conexión con su familia.
Hay grandes beneficios asociados a convivir con un perro, pero ser un dueño responsable comienza siendo consciente de que es un compromiso de por vida. En DOGKING creemos que este compromiso debería ser tan fuerte como el que se adquiere cuando se tiene un hijo. No se debería contemplar la opción de abandonarlo o desprenderse de él. Bajo estas premisas se debería adquirir un perro, por lo que es una decisión que se debe tomar seriamente. El perro necesita mucho de nosotros, son completamente dependientes, y las responsabilidades que tenemos con nuestro perro son simplemente ineludibles. Eso es la tenencia responsable.
Recomendamos alimentar al cachorro con una dieta natural de alta calidad. Desde los 2 hasta los 5 meses es conveniente repartir la dosis diaria en un mínimo de 3 veces. A partir de esta edad ya sería posible alimentar a nuestra mascota en dos ocasiones diarias. De esta manera fomentamos que el cachorro coma justo en los momentos en los que nosotros le ofrecemos la comida, pudiendo controlar así cuánto come, fomentar una rutina y regular su organismo. En el caso de que este no se acabara la ración, retiraremos el plato. El agua debe estar siempre a su libre disposición, fresca y limpia (hay que cambiarla diariamente).
Nunca deberemos ofrecer restos de comida casera y nunca debemos darle de nuestra comida cuando estamos en la mesa. Los perros no aceptan bien los cambios en su alimentación, y ofrecerle un tipo de alimentación distinto o cambios bruscos en su dieta suele conllevar desórdenes alimenticios (diarreas/estreñimiento, vómitos, malestar).
Actualmente todos nuestros cachorros se alimentan con una dieta natural de gama superpremium, están acostumbrados a una alta calidad y su organismo está perfectamente regulado con ella. Para que tu futuro cachorro no sufra alteraciones digestivas por el cambio de alimentación, en caso de querer cambiar su dieta ve introduciendo el nuevo alimento de forma paulatina, mezclándolo con su comida habitual. Con respecto a las cantidades, te indicaremos las pautas adecuadas para tu cachorro; si crees que necesitas aumentar o disminuir la ración, por favor, consúltalo con su veterinario.
El período de vacunación comienza en torno a las 4 semanas de edad y finaliza aproximadamente a las 13 semanas, teniendo que volver a vacunarse anualmente cada año. Nuestro servicio veterinario te indicará en cada caso cuándo se podrán aplicar dichas vacunas. Es importante señalar la importancia de que tu futuro cachorro no tenga parásitos internos días antes de las vacunas para que estas hagan efecto. Para verificar que esto sea así, se recomienda hacer estudios coprológicos para comprobar que tu cachorro no presenta parásitos internos.
Existen dos tipos de parásitos que pueden afectar a nuestro perro: los parásitos internos y los externos. Respecto a los parásitos externos (garrapatas, pulgas, ácaros, etc.) es necesario ir aplicando de forma rutinaria y periódica productos (collares, pipetas…) para mantener a tu futuro cachorro libre de estos parásitos. Actualmente, podemos encontrar en nuestro país parásitos externos en cualquier estación, por lo que la desparasitación debe realizarse durante todo el año.
Por otra parte tenemos los parásitos internos. Los más habituales son los intestinales, sobre todo en cachorros; por este motivo las desparasitaciones en todos los animales jóvenes son aún más importantes. Tu futuro cachorro ha sido desparasitado en diversas ocasiones y sus heces han sido evaluadas mediante análisis coprológico por nuestro servicio veterinario antes de su entrega.
Es muy importante entender la importancia de la prevención a la hora de proteger de los parásitos a nuestro perro. Existe un parásito muy extendido que se transmite a través de la picadura del mosquito y contagia la Leishmaniasis. Esta enfermedad no tiene cura, provoca graves afectaciones a los órganos vitales de nuestro perro y la tasa de mortalidad que provoca es muy alta. Actualmente, la prevención a través de la combinación de pipeta, collar antiparasitario, vacuna y jarabe es la mejor medida que podemos tomar para proteger a nuestro perro de esta letal enfermedad.
Los cachorros son seres exploradores por naturaleza y a veces pueden cometer imprudencias que podrían dañar seriamente su salud. Recomendamos que estés continuamente vigilándolo, porque fácilmente pueden tragarse los objetos más impensables como piedras, trapos, plásticos… Igualmente, debes evitar a toda costa que haya cables eléctricos que pueda morder, o dejar a su alcance su comida. Lo más seguro es ofrecerle juguetes especialmente creados para cachorros y solo ofrecerle juego con ellos. Desaconsejamos jugar con palos (que pueden astillarse) o piedras (que pueden romper sus dientes), y estudia bien los juguetes que le compres, pues a menudo los que pueden encontrarse en bazares se rompen con facilidad y sus partes pueden ser ingeridas por el cachorro.
Debes medir muy concienzudamente el nivel de ejercicio que le incitas a practicar, ya que los cachorros aún no tienen formadas completamente las articulaciones de los huesos, y es completamente desaconsejable sobrepasarse en los paseos obligándole a andar más de lo que debería, jugar con él bruscamente, incitarle a dar saltos o cogerlo de las extremidades. Además, a estas edades aún no son muy buenos midiendo sus propias capacidades y pueden caer de alturas considerables. Todo esto puede provocar lesiones y traumatismos que le afecten de por vida. Para proteger sus huesos, existen complementos alimenticios que refuerzan sus articulaciones.
Una forma inteligente de evitar los accidentes fuera de casa, una vez el cachorro ya pueda salir de forma normal a la calle, es reforzando la obediencia en casa (ven aquí, sentado…) e ir acostumbrando al cachorro a caminar con la correa y el collar desde los primeros días, incluso dentro de casa; así seremos más capaces de dominar situaciones inesperadas.
Es de vital importancia tener a nuestro cachorro correctamente identificado para que, en caso de fuga o pérdida, se pueda localizar a sus propietarios. Para ello, lo más eficiente es colgar de su collar una placa identificativa con los datos del propietario y dar de alta a nuestro perro en el archivo de identificación de animales de compañía de nuestro país.
Debes acostumbrar a tu futuro cachorro a todo aquello que después será habitual en su vida cotidiana, y la higiene del perro también será algo frecuente para él, por lo tanto es algo a lo que deberemos ir preparándolo. El cuidado del pelo es fundamental, ya que es su capa protectora y un tratamiento inadecuado podría comportar problemas de salud a medio o largo plazo. El cepillado es lo más importante, y cada tipología de pelo necesitará un cuidado diferente. Nuestro equipo te guiará en este sentido y te aconsejará qué tipo de cepillo es el más adecuado para la raza y edad de tu futuro cachorro. La limpieza rutinaria de oídos, ojos (legañas) y dientes también ayudará a mantener su salud, no solo por los efectos lógicos de la limpieza, sino que también te permitirá realizarle un control con una relativa frecuencia en zonas que a veces pueden pasar desapercibidas y pueden presentar dermatitis, otitis, lesiones puntuales en piel, parásitos, enfermedades oculares o bucodentales.
Ante cualquier problema o pregunta que puedas llegar a tener con tu futuro cachorro, te ofrecemos un asesoramiento para tu cachorro de por vida. Nuestro equipo intentará resolver todas tus inquietudes e incidencias. Si aparece cualquier problema, no esperes demasiado para contactarnos; mejor llámanos inmediatamente si apareciese cualquier problema, ya que las patologías en cachorros pueden evolucionar de forma rápida. No pases por alto pequeñas alteraciones de salud que te puedan parecer de poca importancia. En estos casos es mucho más aconsejable pecar de exceso de precaución que por defecto. Para nuestro equipo tus dudas son importantes, ya que nos ofrecen la oportunidad de ayudarte a cuidar mejor del cachorro y crear una mejor relación con tu perro, que en definitiva es nuestro principal objetivo.
Los cachorros son muy sensibles, y ante factores estresantes como viajes, cambio de entorno, de alimentación o rutinas pueden sufrir alteraciones como cierto decaimiento, disminución en la conducta de exploración o, en algún caso, diarrea. Es por ello que el comportamiento que podrás observar en tu futuro cachorro los primeros días después de su adquisición no será el definitivo.
Por lo que se refiere a la diarrea, en caso de ocurrir no te alarmes, suele ser normal; sin embargo, esta situación debe corregirse enseguida, ya que si estos síntomas persisten durante más de uno o dos días puede estar peligrando la vida del cachorro. Por ello, si aparece alguno de los síntomas descritos es vital que nos lo hagas saber, y si es necesario que acudas al veterinario para evitar un empeoramiento de una situación que probablemente tiene una solución sencilla.
La socialización es una etapa de aprendizaje que dura toda la fase de cachorro del perro. Se basa en la exposición gradual del cachorro a nuevas situaciones para que vaya aprendiendo a superarlas satisfactoriamente, adopte así una actitud confiada alejada del miedo o la agresividad y de esta manera desarrolle mecanismos mentales para resolver situaciones parecidas el resto de su vida. Digamos que es la preparación del cachorro para su realidad adulta. Se considera una buena socialización si el cachorro aprende a estar en diferentes superficies, diferentes lugares y acepta diferentes ruidos, otras personas y otros animales sin mostrar inseguridad.
En nuestro centro los cachorros comienzan su socialización desde que nacen. Al principio, se crea para ellos un ambiente de tranquilidad e intimidad con su madre, al que progresivamente se le van añadiendo estímulos. Para ello tenemos un programa de socialización en el que participan hasta que se van con su familia o a un centro para ser formados como perros de terapia o perros de asistencia.
El proceso de aprendizaje es el mismo tanto para el cachorro como para el perro adulto: aprendizaje por asociación. La diferencia es que enseñar a un cachorro suele ser más sencillo, ya que tiene más facilidad para asimilar los conocimientos y no está condicionado por una experiencia previa que le conduce a reaccionar de una forma ya aprendida.
El aprendizaje por asociación consiste en que si el perro hace algo y recibe una recompensa tendrá más tendencia a repetir ese comportamiento (lo ha asociado con algo positivo). Si, por el contrario, cuando hace algo su consecuencia es negativa (una corrección o sencillamente no conseguir lo que esperaba, por ejemplo), el perro tenderá a no volverlo a hacer. Una recompensa puede ser simplemente conseguir la atención de su propietario, recibir una caricia, un alimento o juego. Una corrección puede ser que el propietario le ignore, que el perro pierda inmediatamente la atención de su dueño acompañado de un tono de voz contundente, apartándolo y negándole la compañía durante un rato.
Por lo tanto, si queremos que el cachorro aprenda algo, debemos premiarle cuando lo haga (recuerda esto cuando tengas que enseñar a tu futuro cachorro a controlar sus esfínteres). Es muy importante que el perro asocie lo que ha hecho con el premio, por lo que habrá que recompensarle inmediatamente (menos de 1 minuto); de nada servirá si el premio se lo damos pasado ese tiempo, pues el perro no hará la asociación. Igualmente, tienes que evitar darle una recompensa si está haciendo algo que no te gusta (que llore, ladre, muerda… no le acaricies en ese momento).
En cuanto a que deje de hacer algo que no te gusta, nuestra mayor recomendación es que no le permitas que lo haga. Por ejemplo, si no quieres que muerda el sofá, no le dejes sin vigilancia con acceso al sofá. También el tiempo es fundamental a la hora de aplicar una corrección: debe ser inmediato a su mala conducta. Por eso, si llegas a casa y encuentras que tu futuro cachorro ha hecho algo que no debía en tu ausencia, respira hondo. De nada servirá una reprimenda, pues él no la asociará con su mala acción —que ya hace un buen rato que la hizo— sino con tu llegada, y si esto se repite es posible que incluso evite ir a saludarte cuando llegues a casa, pues lo asociará con un castigo. Los castigos son algo muy delicado; por eso, si necesitas cambiar la conducta de tu futuro cachorro, te aconsejamos que te pongas primero en contacto con nosotros.
Dicho de otro modo, el control de los pipís y las cacas. Es un aprendizaje progresivo que se desarrolla a medida que el cachorro también aumenta su capacidad biológica para contener sus necesidades. Con solo dos meses, su capacidad para contenerse será muy reducida, pero una vez cumplidos los 5 meses debería poder controlarse perfectamente si se le ha enseñado a hacerlo. Primero le enseñaremos a hacer sus necesidades sobre una superficie-textura concreta y después le enseñaremos a que lo haga fuera de casa.
En este tipo de aprendizaje utilizaremos la técnica denominada "aprendizaje libre de error", esto significa que bajo ningún contexto se le ha de castigar por hacerlo fuera del espacio que le hemos dispuesto para ello. Elegiremos un material para que lo asocie con hacer sus necesidades; lo ideal es un empapador con bandeja.
Cada vez que termine de hacer pipí o caca en su espacio, le premiaremos, y poco a poco veremos que él mismo tomará la iniciativa y buscará ese lugar cuando lo necesite; entonces le premiaremos aún más. En ningún caso lo castigaremos, ni frotaremos el morro sobre los excrementos ni la orina.
Si eres metódico a la hora de alimentarlo, irás comprobando que a medida que crece el cachorro su organismo se va regulando y siempre hará sus necesidades a ciertas horas, sobre todo después de comer y beber. Esos son los momentos en los que hay que salir con él a la calle y esperar a que haga sus necesidades fuera de casa para premiarlo. Nunca te olvides: los premios en casa son la clave.
Desde el punto de vista educativo, el cachorro es un diamante en bruto que deberá ser pulido, con cariño, pero con firmeza. No deberemos permitir aquellas conductas que no deseemos que se repitan en la edad adulta. No jugaremos con él a "peleas" ni a hacerle gruñir, ya que este tipo de comportamiento refuerza ciertos aspectos que no son deseables en un perro adulto. Recuerda que el mejor castigo es aquel que no tenemos que llegar a aplicar; por lo tanto, intentaremos no fomentar juegos que sepamos positivamente que desarrollarán en el cachorro conductas como mordernos las manos, los pantalones u otros objetos como zapatillas. La conducta de morder es una conducta normal, pero debemos educarla; es decir, no permitiremos nunca que la desarrolle sobre nuestras manos o sobre cualquier otra parte del cuerpo. De producirse, daremos una voz tajante diciendo "¡NO!" y pararemos en seco el juego, de tal manera que la conducta cese; y en el mismo momento que cesa, acariciaremos al cachorro y lo premiaremos retomando el juego u ofreciéndole un juguete para reconducir su necesidad de morder. Es importante que todos los integrantes de la familia sigan las mismas pautas y que, cuando se establezca una norma, siempre se lleve a cabo: no debe haber excepciones, pues esto confunde al perro.
Tampoco son deseables juegos de estirar de un juguete, trapo o cuerda, ya que puede fomentar que el perro luche contra la voluntad de su dueño (que sería quedarse con el juguete); esto es contrario a lo que esperamos de un perro: que quiera agradarnos y nos respete. Educativamente, el mejor juego sería el de tirar el juguete y que el cachorro fuera a por él, ya que le estaremos enseñando valores positivos, como estar atento a nosotros, que nos agrade trayéndonos su juguete y que nos obedezca cuando le pedimos que suelte el juguete para dárnoslo. Otro juego interesante es el escondite, ya que el perro aprende a no perdernos de vista y a atender a su nombre.
Estos son solo unos consejos básicos, pero muy importantes, para tu día a día con el cachorro. Muy probablemente te irán surgiendo dudas, para las que estaremos encantados de atenderte y ayudarte para que disfrutes al máximo de la maravillosa experiencia que es vivir con un perro. Si adquieres con nosotros tu futuro cachorro recibirás un manual completo de recomendaciones para cuidar de él y asesoramiento de por vida para tu cachorro.
Nuestro centro se encuentra en Barcelona, pero nuestros Australian Cobberdog ¡se encuentran por todo el mundo! Si una familia vive lejos y está interesada en uno de nuestros perros, podemos enviárselo allá a donde esté. No importa cuántos kilómetros te separen de nuestro centro: realizamos los envíos de nuestros cachorros a cualquier parte del mundo. El único requisito es que te comprometas a quererlo para siempre. Por eso ya hay muchas familias en todo el mundo que disfrutan del amor de un cachorro DOGKING.
DOGKING es un centro canino integral especializado en perros de terapia y asistencia. Contamos con un centro de cría responsable donde criamos nuestros cachorros para familias, y de cada camada seleccionamos aquellos cachorros con aptitudes para ser adiestrados como terapeutas caninos y perros de asistencia. También contamos con un centro veterinario, peluquería canina, centro de adiestramiento, y ofrecemos servicios de terapias e intervenciones asistidas con perros.
Contacta con nosotros para reservar tu cachorro. Nuestro equipo se encargará de asesorarte para encontrar el perro que mejor se adapta a tu hogar y darte todos los consejos y recomendaciones que necesitas para que la convivencia con tu perro sea un éxito. En DOGKING creemos que la clave para conseguir un vínculo especial entre la familia y el perro es el asesoramiento. Por eso siempre estaremos a tu lado para resolver cualquier duda que surja con tu cachorro. Nuestro objetivo es que descubras lo maravillosa que es la vida cuando la compartes con un perro.