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En este sentido, la ciencia ha demostrado en diferentes estudios cómo los perros pueden mejorar muchísimo la calidad de vida de las personas con trastornos del espectro autista, especialmente en el caso de los niños, la etapa en la que se suele diagnosticar. El TEA se caracteriza por la dificultad en las relaciones sociales y en la capacidad de desarrollar una comunicación funcional, pero el profundo vínculo que establecen estos niños con los perros les permite mejorar en estos y muchos otros aspectos.

1. Beneficios de los perros en los trastornos del espectro autista
• Desarrollo de la empatía y la autoestima
• Favorece el aprendizaje y reduce la frustración
2. ¿Qué perros son mejores para ayudar a niños con TEA?
Según un estudio de la Universidad de Missouri, los perros que conviven con niños con TEA llegan a establecer vínculos muy fuertes con ellos. Eso se debe a que en la relación con el animal no existen códigos sociales que aprender y descifrar, algo que resulta complicado para las personas de espectro autista. Por el contrario, la interacción con el perro se manifiesta de manera mucho más natural, ya que no es necesario utilizar el lenguaje, sino que entran en juego la comunicación no verbal y los estímulos sensoriales.
Los perros pueden ayudar a los niños con TEA tanto formando parte de su familia (a través de los perros de asistencia) o como perros de terapia, interviniendo en las sesiones que realice el paciente para mejorar sus dificultades. En cualquiera de los casos, los niños reciben numerosos beneficios físicos, psicológicos y de aprendizaje de su relación con los perros. Estos son algunos de los más destacados:

La ciencia ha confirmado en muchas ocasiones que los perros son grandes aliados para reducir el estrés de los niños con TEA. Según la OMS, 1 de cada 160 niños padece uno de estos trastornos, que implica una mayor posibilidad de sufrir ansiedad respecto a los niños con un desarrollo habitual. A través del contacto con su mascota o perro de terapia, estos pequeños se calman y se sienten más seguros, le ayuda a la regulación emocional y puede disminuir los niveles de cortisol (la hormona del estrés).
Esto es especialmente importante en el caso de las conductas de escape en la calle, frecuentes en los niños autistas que sienten mucha ansiedad en un determinado momento. En estas situaciones, el perro detiene y bloquea la huida del niño, tranquilizando de inmediato al menor y evitándole cualquier peligro.
Además, se ha demostrado que la convivencia de niños con TEA con perros disminuye las conductas estereotipadas típicas de estos trastornos, haciendo que estén más calmados y centrados en momentos estresantes para ellos.

La comunicación y los vínculos sociales suponen todo un reto para los niños con TEA, por lo que es muy común que puedan llegar a sentirse aislados e incomprendidos. Incorporar a un perro en una familia con un caso de TEA, aunque es una decisión que no hay que tomar a la ligera, ofrece un acompañamiento constante al niño. Esto no sólo le ayudará a no sentirse solo y aislado, sino que, en el caso de los perros de asistencia entrenados convenientemente para este fin, lo mantendrá protegido en cualquier situación de riesgo, parando al niño si intenta huir o avisando con ladridos si sufre alguna crisis o problema.

Los niños con trastornos del espectro autista que se relacionan con perros, ya sea dentro de la terapia o como parte de su familia, tienen más probabilidades de desarrollar una mayor empatía. A través del vínculo con el animal, los niños aprenden a distinguir entre su propiocepción (la percepción de sí mismos) y la del perro, comprendiendo que existe una causalidad entre sus acciones y las reacciones del animal. Los perros son grandes comunicadores de sensaciones y emociones para los niños TEA al no depender del lenguaje oral.
Por otro lado, al ayudar a aumentar la socialización e independencia del niño autista, este aumenta su estado anímico, su motivación y su autoestima, mostrándose más relajado, confiado y seguro de sí mismo.

Para los niños con TEA el aprendizaje puede resultar todo un reto, pero con la terapia asistida con perros pueden adquirir conocimientos a través del juego de una manera mucho más dinámica y efectiva. Mediante estas prácticas, además, el niño puede conseguir manejar mejor los niveles de frustración, ya que tiene que adaptarse a los tiempos del perro y a su comportamiento.
Extrapolado a la convivencia familiar en el día a día, una mejor tolerancia a las situaciones frustrantes puede resultar de gran ayuda, favoreciendo el entendimiento y las relaciones entre todos los miembros del hogar. El niño se mostrará más flexible y adaptativo a nuevas situaciones y entornos.

La terapia asistida con perros en personas con TEA también ofrece beneficios físicos asociados al cuidado y paseos del perro. Con el terapeuta canino, el niño puede practicar en casa todo tipo de ejercicios que le permiten entrenar su motricidad fina y su coordinación, con juegos como lanzar la pelota, entre otros beneficios físicos.

El déficit de atención de los niños TEA pueden beneficiarse mucho de la compañía de un perro. A través del profundo vínculo que se genera entre ellos, pueden enfocarse durante mucho más tiempo en actividades de juego o cuidado del animal, que supone para ellos un estímulo interesante pero no estresante. Mejorar en su nivel de concentración es importante en el desarrollo del niño para que pueda completar su aprendizaje a todos los niveles.

Los expertos aseguran que, en los casos de los niños con autismo, los perros funcionan como una especie de pasarela entre su mundo y el mundo exterior. Uno de los aspectos que ayudan en este puente es la mejora en la percepción y gestión de los estímulos sensoriales. A través del tacto o la vista y la interpretación de los diferentes sonidos que realiza el animal, los niños se sienten más conectados a la realidad del momento.
Esta manera de relacionarse con su mascota terminará generando un hábito que puede mejorar mucho esta dificultad que presentan las personas TEA. En este sentido, se ha descrito un mayor contacto visual de los niños autistas cuando se trabaja o se relacionan con perros.

Los perros fomentan interacciones con otras personas, como familiares y compañeros, reduciendo el aislamiento social.
Los perros pueden actuar como catalizadores sociales para los niños con TEA, ayudándoles a desarrollar habilidades de comunicación. Los niños pueden sentirse más motivados para hablar con un perro que con una persona.
Antes de incorporar un perro en una familia con un niño con TEA, hay que asegurarse de que tenga un carácter adecuado para acompañarle en sus dificultades. En este sentido, lo más adecuado es contar con un terapeuta canino que esté entrenado específicamente para realizar esta función. Como explicamos antes, los terapeutas caninos suman tanto la asistencia diaria como la capacidad de realizar terapia. En este sentido, los Australian Cobberdog son perros perfectos para ser entrenados para un comportamiento flexible y adaptable a las necesidades de sus propietarios.
Son perros tranquilos, confiables y pacientes, y también son muy cariñosos y sociables con todo tipo de personas, especialmente con los más pequeños. Además, un rasgo muy destacado y del que pueden beneficiarse mucho los niños con estos trastornos autistas es su mirada profunda y fija, que los ayudará a trabajar el contacto visual y conectar emocionalmente con su mascota.